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miércoles, 28 de septiembre de 2011

ME GUSTA - Alejandro Jodorowsky



“Me gusta desarrollar mi conciencia, para comprender por que estoy vivo, que es mi cuerpo, y que debo hacer para cooperar con los designios del universo.
No me gusta la gente que acumula datos inútiles, y se crea conductas inútiles postizas, plagiadas de personalidades importantes. 
Me gusta respetar a los otros, no, por las desviaciones narcisistas de su personalidad sino por su desarrollo interno. 
No me gusta la gente cuya mente no sabe descansar en silencio, cuyo corazón critica a los otros sin cesar, cuyo sexo vive insatisfecho, cuyo cuerpo se intoxica, sin saber agradecer estar vivo, cada segundo de vida es un regalo sublime. 
Me gusta envejecer. Por que el tiempo disuelve lo superfluo y conserva lo esencial. 
No me gusta la gente que por amarras infantiles a mentiras las convierten en supersticiones. 
No me gusta que haya un papa, que predica sin compartir su alma con una papisa, no me gusta que la religión este en manos de hombres que desprecian a las mujeres.
Me gusta colaborar y no competir. 
Me gusta descubrir en cada ser esa joya eterna que podríamos llamar dios interior. 
No me gusta el arte que diviniza el ombligo de quien lo practica, me gusta el arte que sirve para sanar. 
No me gustan los tontos graves, me gusta todo aquello que provoca la risa. 
Me gusta enfrentar voluntariamente mi sufrimiento con el objeto de expandir mi conciencia.”

sábado, 24 de septiembre de 2011

El estilo personal de Egon Schiele

Egon Schiele (Tulln (Austria) 1890 - Viena 1918) fue un artista que supo crear una obra con un marcado estilo personal, si bien el periodo creativo de Schiele se desenvolvió en la época del Jugendstil vienés (término con el que se definió el modernismo en Alemania a principios del siglo XX) e incluso participó activamente en el movimiento, lo que caracterizó su obra es ante todo su gran personalidad. Contiene elementos del Jugendstil, pero también rasgos que anuncian el expresionismo.


 De 1906 a 1909 estudió en la Academia de Viena en 1909 participo en la fundación del “Neukunstgruppe” y trabajó par los Talleres de Viena. Admiraba a Van gogh y Toulouse-Lautrec y encontró inspiración en Munch y Hodler. Tuvo lazos de amistad con Klimt y el influjo artístico mutuo fue fructífero para ambos. Su primer periodo artístico se ve especialmente influido por el Jugendstil de Ferdinand Hodler y, sobre todo, por el lenguaje simbólico de Gustav Klimt, a quien conoce en 1907. Klimt le introduce en la Secession de Viena, que le permite asimilar un estilo decorativo de líneas geométricas y tortuosas. Aunque las obras de su primera época fueron creadas según los principios del Jugendstil, Schiele pronto abandonó su coercitiva estética y adaptó las estructuras planas ornamentales a su propio lenguaje formal, se distancia de la Secession y se aproxima a grupos expresionistas liderados por Kubin y Kokoschka, desarrollando un estilo independiente, muy personal y difícilmente catalogable, de formas distorsionadas. 






El interés de Schiele se centró en la figura humana, en el cuerpo y en el rostro. Con escéptica curiosidad y una atención anatómica y colorista no cesó de analizarse a sí mismo y a sus modelos. Los colores son vivos, llameantes, pues para él el color es el elemento más expresivo. Desfiguró y alargó los objetos, utilizó atrevidas perspectivas y colores fuertes. Los dibujos forman la parte más importante de su obra e incluso las pinturas al óleo fueron concebidas siguiendo los principios del dibujo. Otro aspecto de su obra son los paisajes. Con gesto casi nervioso aplica, en parte, colores de gran luminosidad y que sin embargo conservan transparencia; dilata sus objetos y los rompe en numerosos fragmentos: las superficies vacías o claras se oponen a los colores oscuros y sonoros, variando la intensidad y la densidad de los colores. 







Al igual que Vincent Van Gogh, Schiele sólo dispuso de un breve decenio para su creación artística. En ese corto espacio de tiempo creó obras de tal fuerza y calidad que le hacen estar considerado, hoy en día, como uno de los grandes pintores austríacos. Su arte sería inconcebible sin Gustav Klimt, su maestro, amigo y compañero de la Sezession. Y, sin embargo, incluso cuando se apoya en las obras de Klimt, su obra se caracteriza ya por un marcado estilo personal. 







Hasta 1912 vive un periodo de gran actividad artística, dedicándose a los retratos de niños, desnudos eróticos y paisajes. Su relación sentimental con Wally Neuzil y la presencia de numerosos niños en su estudio son consideradas un escándalo para la sociedad, y acaban provocando su arresto y posterior encarcelamiento. Su matrimonio con Edith Harms en 1915 aporta serenidad a su vida y a su obra. 



En 1917 recibe el encargo de organizar la 49 Exposición de la Secession, que se celebra con gran éxito en 1918, para la que diseña el cartel y en la que participa con numerosas obras. Cuando comienza a alcanzar celebridad, Egon Schiele muere en Viena en 1918, a la edad de 28 años, de gripe española, devastadora epidemia que cuatro días antes se había cobrado la vida de su esposa embarazada y, anteriormente, la de su amigo y maestro Gustav Klimt. 









lunes, 19 de septiembre de 2011

Jean Auguste Dominique Ingres el genio del dibujo.

Hoy vamos a dar un salto en el tiempo que nos llevará al siglo XIX para intentar conocer la obra de un artista que marcó una tendencia en el arte basada en el estudio minucioso del dibujo y que influyó en gran medida el arte posterior a él, Jean Auguste Dominique Ingres. 



SU VIDA 

Jean Auguste Dominique Ingres vivió hasta los 87 años y fue muy prolifero en cuanto a su producción artística así que intentaré hacer una síntesis de lo que fue su vida. Nació el 20 de agosto de 1780 en la ciudad francesa de Montauban, era hijo del pintor Joseph Ingres, miembro de la Academia de Bellas Artes de Toulouse. Su modelo a seguir en pintura fue Rafael. Ingres se formó basandose en un ordenado plan de estudios organizado por su padre: Primero se lo encargó al pintor Pierre Vigan, de quien aprendería el valor del dibujo, una noción que ya nunca abandonaría en su carrera. Tras él pasó a las manos de Joseph Roques, pintor bastante exitoso. Fue Roques el que inculcó a Ingres la devoción por Rafael; por último, el remate de su formación en Toulouse corrió a cargo de Jean Briant, que ejerció menor influencia sobre el aprendiz. El dibujo era sin duda la guía y la herramienta preferida por Ingres, hasta el punto de aconsejar al joven Degas, quien le admiraba: "Trace líneas, joven, muchas líneas, de memoria o al natural, así podrá llegar a ser un buen artista". 




Tras esta etapa, en la que aprovechó todo lo que pudo la vida de provincias, Ingres se trasladó a París, la capital del arte neoclásico, ingresando en el taller de Jacques Louis David, hacia el año 1797. Se mantuvo allí hasta 1801, tras un desagradable incidente con su maestro, este tuvo lugar en 1800, cuando Ingres se presentó por primera vez al Salón Oficial con cinco pinturas. Una de sus obras quedó en segundo lugar por el voto en contra de su maestro, algo que Ingres jamás perdonó a David. Al año siguiente, Ingres se presentó de nuevo y consiguió el primer premio, que le proporcionaba además una beca para estudiar en la Escuela de Francia en Roma, situada nada menos que en la bellísima Villa Médici. Durante su estancia en Roma estudió ruinas y hallazgos arqueológicos y se buscó una clientela particular que le encargó numerosos retratos. En 1812 recibió el encargo de decorar el Palacio de Monte Cavallo, pero finalmente tuvo que marchar de Roma y se instaló en Florencia, donde abriría su propio taller, ya en 1819. Mientras tanto, Ingres había seguido enviando obras a los Salones Oficiales de París: la crítica no las había acogido muy bien, pese al academicismo formal de sus obras. La razón solía estar en ciertas violaciones de la composición, la anatomía, etc.




 Tan sólo Baudelaire apreciaba el valor de Ingres, que en sus lienzos introducía ya temas y enfoques que anticipaban el sentimiento romántico, pero no desde posiciones de la pasión o el sentimiento, sino desde una evolución lógica del propio Neoclasicismo. Su apariencia formal y su trasfondo romántico hicieron a Ingres navegar siempre entre dos corrientes, rechazado y adorado a un tiempo por ambos bandos. Por fin, en el Salón de 1824 Ingres triunfó con El Voto de Luis XIII, exaltación de la monarquía y los valores tradicionales. Se expuso frente a La Matanza de Quíos, de Delacroix. Ambos representaban dos posturas enfrentadas, la reaccionaria y la revolucionaria, la académica y la pasional, el dibujo frente al color empastado. La oposición entre ambos pintores se haría ya simbólica de una época. En 1826 se le encargó nada menos que la decoración de algunos techos del Palacio del Louvre, ya convertido en museo nacional. Este hecho marca una serie de hitos triunfales en su carrera: fue nombrado vicepresidente de la Escuela de Bellas Artes de París para inmediatamente después hacerle Presidente, en el año 1833. Su ligazón con la Corona y los estratos oficiales se afianzó con un encargo de 1842: el heredero de Luis Felipe había muerto y se le pidió que trazara los diseños para las vidrieras de la capilla funeraria del príncipe. En 1849 murió su primera esposa, Madeleine Chapelle, lo cual le sumió en una etapa de casi inactividad, hasta que en 1852, a los 72 años, contrajo segundas nupcias con una mujer de 43, Delphine Ramel. En 1855 tuvo lugar la Exposición Universal de París y en ella se organizó la primera exposición retrospectiva del pintor, a la cual pudo acudir, ya muy anciano. Ingres murió a los ochenta y siete años, en Montauban.





SU LEGADO 

Desde un punto de vista formal, influyó en sus discípulos Flandrin y Lehman entre otros. Los españoles Federico de Madrazo y Rosales, también adaptaron su modo de pintar en el eclecticismo español. En la generación siguiente, Puvis de Chavannes y Gustave Moreau asumieron de Ingres su estilo lineal y depurado. La transmisión del contenido se llevó a cabo en la pintura romántica de género trovadoresco, en especial con influencias sobre los pintores nazarenos, los prerrafaelitas y los simbolistas, entre los que se cuenta el mencionado Moreau. Aparte de ellos, el impresionista Degas también admiraba la solidez dibujística de Ingres y se animó a visitarle y pedirle consejo. Mas allá del siglo XIX, en la década de 1920 se produjo en el arte de vanguardias una llamada "vuelta al orden", a la línea, al clasicismo de la figura y el tema, en la cual la pintura de Ingres tomó un gran peso específico, hasta el punto de servir de referencia al Picasso clasicista de estos años, Gino Severini o Salvador Dalí. 





SU TÉCNICA 

El tema más abundante en su obra fue el retrato, en el que alcanzó enorme habilidad. Todos los grandes personajes del siglo XIX francés fueron retratados por él, así como las personas más íntimas del pintor. Su método de trabajo resulta sorprendente pero al mismo tiempo de gran efectividad. Su pasión por el dibujo le hacía tomar innumerables bocetos del modelo y siempre lo hacía sobre desnudos; después pasaba a vestirlos minuciosamente con estudios de plegados en los vestidos. Este modo de trabajar le aseguraba al pintor una correcta concepción anatómica de la figura. 




Su rigor dibujístico contrasta en este terreno de perfección con el segundo tema de sus obras, el desnudo, recordado por su sensualidad y exotismo. Dada la mentalidad puritana de su época, el pintor los ambientaba en baños turcos, escenas míticas, etc., de modo que la aparición del cuerpo femenino desnudo estuviera justificado por el contexto. Pero esto no pasaba de ser una mera excusa para que el artista realizara una y otra vez el mismo tema, que le obsesionaba, emblematizado por la Bañista de Valpinçon. Esta figura femenina de espaldas aparece repetida en numerosos lienzos del artista: en ella no existe corrección anatómica sino pura deformación por un fin estético. El artista ablanda los huesos para que los miembros de las figuras obtengan un aspecto sinuoso. Los cuellos se alargan en vertiginosas curvas de placer. La maravillosa espalda de la bañista está "construida" a partir de tres espaldas diferentes, encajadas, para alargarla y engrandecer su presencia. Este modo de reconstruir la figura conceptualmente para obtener un objeto bello y decorativo tendrá sus consecuencias en la pintura contemporánea. Picasso declaraba haber aprendido de Ingres el modo de descomponer y recomponer a su gusto el cuerpo humano. Este tratamiento heterodoxo del cuerpo fue algo que jamás comprendió la crítica del siglo XIX, que tachó a Ingres de pintor excéntrico. 






Ingres se muestra mucho más convencional y "aceptable" en sus pinturas de tema religioso. La pintura religiosa alcanzó una honda revalorización en el siglo XIX, cuando la Restauración de la monarquía y el puritanismo moral trajeron de nuevo devociones olvidadas. Ingres adaptó a sus cuadros religiosos los modelos aprendidos de Rafael, e incluso trasladó casi literalmente determinadas madonnas del italiano a sus propias vírgenes. Fue un soplo de calidad insuflado a un género que había caído en el aspecto de estampa popular blanda y sin valor artístico. Los dos últimos temas que trató Ingres fueron la pintura de historia y la de mitología. Por sus rasgos formales, ambos temas están muy relacionados; se trata de cuadros de enorme formato, con muchas figuras y moraleja incluida, al gusto del Neoclasicismo. Ingres deseaba ser recordado como un pintor de historia, pues consideraba a éste como el género más digno de la pintura. Curiosamente, sus peores composiciones son sus cuadros de historia.Los lienzos dedicados a mitología tienen las mismas características formales de sus pinturas de historia. Son composiciones pretenciosas, pero en las que la belleza del tema hace perdonar los desmanes sentimentales de la interpretación. Entre los lienzos dedicados a la mitología se incluyen también cuadros dedicados a estrenos teatrales del momento que le impactaron, como la ópera Antíoco y Estratónice. En estos lienzos, que para él significaban su más alta realización como pintor, hacía un profundo estudio previo, que podía alcanzar los 300 ó 500 dibujos preparatorios. El rigor histórico era también una característica de Ingres. Los objetos de la época y los adornos eran copiados de apuntes que Ingres tomaba de sus visitas a yacimientos arqueológicos, así como de su importante colección de vasos etruscos y griegos.