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miércoles, 27 de agosto de 2014

Las esperas largas

Hay veces que no eres dueña de tu tiempo, se lo has prestado a otros y te ves irremediablemente abocada a esperar. Yo como ya habréis visto a estas alturas intento pasármelo lo mejor posible esperando, esta vez me toco en un centro comercial y la verdad desde que estuve en aquella exposición metida doce horas diarias en uno les tengo más manía aún de las que ya les tenía, prefiero sobremanera estar al aire libre, con el ruido normal de la calle, no con ese rumor enlatado que tienen los centros comerciales, si te paras un momento y escuchas, hay una mezcla entre miles de conversaciones, hilos musicales de cada tienda y ruido de bares, de escaleras, no me gusta nada, la calle, por otro lado, suena a viento dando en los toldos, a paseantes apresurados o relajados, pequeñas conversaciones que pasan a tu lado, ruido de aviones, algún que otro coche (según donde estés) y al tintineo de las tazas de café, una delicia.
Pues como os decía me tocó esperar en un centro comercial, así que sin mucho que pensar me instalé en una mesa, con mi libro de artista, mis lápices dispuesta a pasar el rato creando, para no andarme con chiquitas, y así me quitaba por un buen rato a las camareras de encima, me pedí una jarra de cerveza y alguna que otra tapita mis favoritas, queso de untar frutos secos, ..... rico, rico como diría Arguiñano. 
Era un sitio tranquilo así que salvo el rumor enlatado del lugar pude desconectar y disfrutar de dejarme llevar.



Después de tanto aire enlatado el parque fue una idea genial, hacia calor pero el lugar era fresco y el ambiente limpio y distendido. En el parque puedes encontrar casi de todo;  corredores, ciclistas, musculitos varios y los amantes del deporte en general; personas paseando, solas, acompañadas, con el perro, con varios perros, con niños en los carritos, corriendo tras los niños y paseantes también en general. Después están los más pasivos; los que se tumban al sol o a la sombra, los que van a leer, las que llevan el punto y se ponen a coser, las señoras y/o caballeros que se sientan en un banco a hacer el resumen del día, y demás amantes del sedentarismo en el parque. Y , por supuesto, están los usuarios por excelencia de los parques; los niños, los niños tranquilos que juegan sin perturbar (qué son los menos hay que decirlo) los que corren detrás unos de los otros, los que se entretienen molestando a los demás, y los que son soltados por sus padres como si fueran animales enjaulados y que son los que perturban, chillan, molestan y que mantienen a todo el parque en vilo incluido a los animales.
Después hay usuarios del parque que como yo, se camuflan entre la hierba y los árboles y se dedican a robar instantes a los demás, a tomar ideas, bocetos, y retazos del paisaje.